Los datos que se tienen sobre Japón indican que este país se mencionó por primera vez en la historia hacia el año 57 dC, en documentos chinos, referido como "Wa". Los japoneses no comienzan a documentar su propia historia hasta alrededor del año 600 dC. Este escrito histórico culmina en el año 700 dC con crónicas como "El registro de Asuntos Antiguos" y "Crónicas de Japón". Estas crónicas cuentan una historia de Japón mucho más legendaria, en la que el pueblo japonés desciende de los mismos dioses.
Japón es un conjunto de islas ( en total hay más de 3.000 islas, de las cuales 600 están habitadas) siendo las cuatro principales Honshu, Kyushu, Shikoku y Hokkaido, que prácticamente dominan la historia japonesa. El florecimiento inicial de la historia japonesa tuvo lugar en las llanuras bajas de Honshu, especialmente en la llanura Yamato, al sur de la isla principal. Allí surgió el primer reino japonés y proporcionó las bases de las futuras civilizaciones japonesas. De acuerdo a las “crónicas japonesas”, la corte de los reyes Yamato estaba basada en modelos coreanos para los títulos dados a la corte y los aristócratas regionales. La unidad social básica era el uji, lo que se había añadido era una aristocracia basada en preparación militar.
El cambio más profundo en el gobierno japonés fue la adopción de modelos chinos de gobierno en particular confucianistas, en el artículo decimoséptimo de la constitución del Príncipe Shotoku. Los distintos estados japoneses se llamaban según la región en la que estaba situada su capital. En el año 710, la capital se trasladó a Nara. Se trataba de una ciudad cuidadosamente planificada, dispuesta geométricamente siguiendo el modelo de la ciudad china de Chang-an con el fin de ser una capital permanente.
Durante el periodo Nara ( 710 - 784 ), Japón era una sociedad primariamente agrícola y basada en aldeas, este época representa la rotura definitiva de la aristocracia japonesa con sus raíces uji. El desarrollo cultural más influyente en el periodo Nara fue el florecimiento del budismo. Los emperadores de Nara en particular reverenciaban profundamente unas enseñanzas budistas llamadas los "Sutra de la Luz Dorada" en las cuales no sólo se establece a Buda como un ser humano histórico, sino también como la Ley y la “Verdad del Universo”. La devoción que los emperadores de Nara profesaban por el budismo garantizó su rápida y dramática expansión en la cultura japonesa. Aunque el budismo se introdujo en Japón en el año 518, fue durante el periodo Nara cuando se convirtió en una presencia sólida en la cultura japonesa. Este periodo estuvo marcado por luchas por el trono y por qué clan controlaría dicho trono. Con el fin de erradicar estos disturbios, la capital se trasladó en el año 795 al actual Kyoto, que en aquel tiempo se llamaba "Heian-kyo", o ciudad de paz y tranquilidad. Las luchas por el trono cesaron, pero Japón aún no se unió bajo un gobierno central. Lo que ocurrió en su lugar fue que el poder acumulado bajo una única familia, los Fujiwara, que se las arreglaron para mantener su poder frente a estos cambios durante más de tres siglos.
El periodo Heian ( 794-1192 ) fue uno de esos periodos asombrosos en la historia de Japón, igualado sólo por el posterior periodo Tokugawa en el Japón pre-moderno, en el que una paz y una seguridad sin precedentes se instalaron en las tierras bajo el poderoso reinado de la dinastía Heian. La cultura japonesa durante la dinastía Heian floreció como nunca lo había hecho antes. Los japoneses y la corte Heian comenzaron a desarrollar una cultura independiente de la cultura china que había constituido la vida cultural del Japón imperial hasta ese momento. Primero comenzaron a desarrollar su propio sistema de escritura. En segundo lugar desarrollaron una cultura cortesana con valores y conceptos únicamente japoneses en lugar de los derivados de la China imperial, valores como el miyabi (elegancia), makoto (simplicidad) y aware (sensibilidad). El gobierno Heian solidificó las reformas de los anteriores periodos Yamoto y Nara. En lo más alto de la jerarquía oficial estaba el emperador Tenno, o "Emperador Divino", que era a la vez confucianista y shintoísta, reinaba por virtud del Mandato Divino y por legítima descendencia de la diosa shintoísta del sol, Amaterasu. Por este motivo la línea imperial de descendencia se ha mantenido intacta en la historia japonesa desde el final del periodo Yamamoto.
- En los periodos iniciales en Japón, las guerras estaban en gran parte confinadas
a batallas entre distintos uji o clanes. -
El gobierno Heian estableció un sistema militar basado en milicias locales compuestas por jinetes montados a caballo. Estos soldados profesionales fueron repartidos por todo el país y debían lealtad al emperador. Eran "sirvientes" o samurai. Sin embargo, ocurrió un cambio importante a mediados del periodo Heian. Originalmente los samurai eran sirvientes del emperador, pero progresivamente se fueron convirtiendo en ejércitos privados ligados a la aristocracia local. Desde mediados del periodo Heian en adelante, durante casi un millar de años, la milicia japonesa consistía en soldados profesionales en incontables ejércitos privados que debían lealtad a la aristocracia local y a los señores de la guerra. Los primeros samurai no eran nobles ni soldados cultos del bushido japonés, este fue una invención del periodo Tokugawa (1601-1868) cuando los samurai no tenían nada que hacer debido a la paz que reinaba en este tiempo. Los samurai del Japón medieval fueron reclutados de las clases bajas. Éstos vivían principalmente como granjeros y su única función como samurai era combatir a los ejércitos enemigos. Eran generalmente analfabetos y despreciados por la aristocracia. Sin embargo al final del periodo Heian las familias privadas comenzaron a acumular enormes cantidades de propiedades (shoen) y empezaron a financiar grandes ejércitos permanentes. El resultado fue un crecimiento exponencial en el poder de dos de los más grandes clanes guerreros: los Taira y los Minamoto.
Los Minamoto controlaban la mayor parte del este de Japón, mientras que los Taira tenían poder en el este y en el oeste. Conforme el poder de estos dos clanes aumentaba, el clan de los Fujiwara comenzó a controlar estrechamente al emperador -un movimiento muy astuto ya que la reforma Taika daba todo el poder final al emperador. La supremacía de los Fujiwara llegó a su fin en 1068 cuando se determinó que el nuevo emperador, Go-Sanjo, gobernara el país en solitario y los Fujiwara no pudieron controlarle. Esta nueva forma de gobierno se llamó gobierno insei, y estos emperadores ejercieron poder político desde 1086 a 1155, año en que la sucesión al trono quedó vacante y el nombramiento de Go-Shirakawa como emperador creó una pequeña revolución, llamada "el disturbio Hogen", que fue sofocado por los clanes de los Taira y los Minamoto. Este fue un momento decisivo en la historia japonesa, puesto que el poder para determinar los asuntos de estado había pasado claramente a manos de los clanes guerreros y sus masivos ejércitos privados.
Después de la ascensión de Go-Shirakawa y posteriormente de su sucesor Nijo, un hombre disoluto, ambicioso y astuto llamado Kiyimori comenzó a acumular lentamente un poder enorme por sí mismo en la corte del emperador. Viendo esto, estaba claro que el poder de los Taira debía ser disminuido de alguna forma. Go-Shirakawa comenzó a destituir a los Taira en la capital, forzando al nuevo emperador Takakura a abandonar el trono e instaurando a su propio nieto de un año, Antoku, como el emperador. Takakura consiguió la ayuda de los Genji y comenzó la gran guerra civil, dando paso a la época feudal en Japón.